martes, 29 de enero de 2008

¿Aeróbico o anaeróbico?

Dentro del diccionario del fitness, existen dos términos que se escuchan con frecuencia. “aeróbico” y “anaeróbico”. ¿Qué los diferencia?

Cuando el oxígeno participa en la creación de energía, se dice que estamos entrenando de manera aeróbica. La rutina se caracteriza por ser de larga duración y de una intensidad que va de baja a media. Correr, caminar o andar en bicicleta son algunos ejemplos.

Este tipo es el indicado si lo que perseguimos es bajar o mantenernos en un peso dado que la quema de grasa es mayor ya que nos sirve de combustible cuando el ejercicio es de un tiempo prolongado. Recuerde que el período oxidativo no comienza hasta pasados los 30 o 40 minutos. Antes, sólo estamos quemando calorías y el peso que perdemos es a causa del sudor que recuperamos nuevamente al hidratarnos, pero sin duda uno de los beneficios más destacables que aporta es el trabajo del sistema cardiovascular.


En el caso de los ejercicios anaeróbicos, es la glucosa la encargada de proveer la energía en lugar del oxígeno. Se realiza mediante movimientos de corta duración pero de un gran esfuerzo como cuando se entrena en la sala de musculación o se realizan carreras a máxima velocidad o los sprints en el spinning. En el ámbito de la salud – más que en el de la estética – es donde interviene mayoritariamente este tipo de entrenamiento. Realizando correctamente cada serie, nos aseguramos de tonificar los músculos y mejorar las articulaciones.

Existen estudios que indican que con una rutina anaeróbico también se puede perder peso. Si bien es cierto que no se queman grasas durante su ejecución, sí activa el metabolismo que permanece gastando energías por más tiempo.

Elegir uno u otro depende de nuestra meta. De todos modos, lo ideal es complementarlos: bajar o mantener un peso saludable y al mismo tiempo adquirir tono muscular. Tenga en cuenta consultar con su entrenador para que diseñe una rutina que se ajuste a sus posibilidades y capacidad.

recomendaciones para que pierda unos kilos este verano

En principio, existe una realidad: lo que no se hizo en todo un año, no se puede hacer en un solo mes, por lo que no debe aferrarse a las llamadas dietas mágicas, aquellas que prometen “milagros”, pero que en realidad sólo son maneras ordenadas de restringir comidas y, en la mayoría de los casos, generan un efecto rebote al intentar mantenerlo que conduce a la recuperación del peso perdido.

El verano es una estación que por las altas temperaturas permite que no se tenga que comer grandes cantidades para saciar el apetito, pero cuando el hambre ataca es recomendable enfocarse en la densidad y no en las calorías. Es decir, elija volúmenes considerables de aquellos alimentos que aporten escasa cantidad de calorías, siendo las ensaladas, gelatinas y yogures bebibles, una excelente opción.

Los tiempos y horarios son otro punto a tener en cuenta. Trate de respetar los horarios de sus ingestas dado que “picar” entre comidas es engañoso y puede contribuir a sabotear su meta. Asimismo, no en todos los horarios conviene comer la misma cantidad indistintamente. A la noche, por ejemplo, es mejor comer liviano. De esta manera evita que se acumulen más grasas y que a la mañana siguiente tenga apetito y no se saltee el desayuno.

Una clave para no abandonar la dieta es permitirse una licencia, como una copa de vino con amigos, un helado o alguna otra que cause satisfacción. Del mismo modo, se debe perder el miedo a los hidratos de carbono que son un nutriente esencial del cuerpo y nos aportan energía que de no provenir de éstos, se vale de las proteínas. Por eso, no renuncie a ellos, sólo cambie los del tipo complejo presente en la papa, la batata o las legumbres por los simples como la fructuosa que se encuentra en las frutas y hortalizas.
Del mismo modo, variar los alimentos evita el aburrimiento a la vez que permite incorporar todos los nutrientes necesarios para el organismo.

Por último, es realmente importante que no deje de realizar actividad física aeróbica antes que anaeróbica, de resistencia o fuerza. Si puede, deje de lado la sala de musculación y opte por correr, caminar o cualquier máquina cardiovascular.

Comer es uno de los mayores placeres de la vida pero disfrútelo de manera mesurada, saludable y metódica para gozar de buena salud, verse bien y disfrutar este verano.

jueves, 24 de enero de 2008

Un buen desayuno, la clave para no engordar

¿Está buscando cómo controlar el aumento de peso que llega con la mediana edad? Un nuevo estudio asegura que debe comer más en el desayuno y menos durante el resto del día.

Así lo explicó a Reuters Health la doctora Nita Forouhi.

El equipo dirigido por Forouhi, del Instituto de Ciencia Metabólica del Hospital Addenbrooke, en Cambridge, Gran Bretaña, estudió a 6.764 hombres y mujeres de entre 40 y 75 años, que fueron evaluados al inicio del estudio y 3,7 años después.

Al comienzo de la investigación, describió el equipo en American Journal of Epidemiology, se reunió información de los diarios de alimentación de siete días previos para conocer los hábitos de desayuno de los participantes, como así también los estilos de vida, incluida la actividad física y el tabaquismo.

"Aunque todos aumentaron algunos kilos en el tiempo, los participantes que comieron más cantidad de sus calorías diarias en el desayuno engordaron menos", comentó Forouhi.

"Las personas que comieron entre el 22 y el 50 por ciento de sus calorías diarias totales en el desayuno aumentaron 0,79 kilos en el tiempo", precisó la autora.

En cambio, los que consumieron hasta el 11 por ciento de sus calorías diarias totales a la mañana aumentaron hasta 1,23 kilos en el mismo período.

Cada 10 por ciento más de calorías consumidas en el desayuno, los participantes aumentaron entre 210 y 320 gramos menos durante cuatro años.

La relación entre un menor aumento del peso corporal en el tiempo y un mayor consumo de calorías en el desayuno se mantuvo tras considerar los efectos de un estilo de vida más sano, el peso inicial, el consumo total de calorías y las características demográficas individuales.

El equipo concluyó que incluir una mayor cantidad de las calorías diarias en el desayuno, para ingerir menos durante el día, ayuda a reducir el aumento del peso característico de la mediana edad.


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lunes, 21 de enero de 2008

Ensalada mediteránea

Elaboración:
Hervir la pasta en abundante agua con sal, cuando esté al dente colar, pasar por agua fría para cortar la cocción. Rociar con un hilito de aceite para que no se pegue, dejar enfriar y reservar.

Para el aderezo: Hacer una emulsión con aceite, jugo de limón, la mostaza, sal y pimienta.

Pelar los tomates, quitar las semillas y cortar en cubitos.
Colocar la pasta fría en una fuente honda y agregar el jamón cortado en finas tiras, el queso cortado en cubitos, las aceitunas descarozadas cortadas en rueditas y los tomates.

Mezclar de manera envolvente y bañar con la emulsión bien batida con batidor.